La disolución del control efectivo sobre el territorio de los municipios ocurre donde se ha tolerado que operen fuerzas como el lavado de dinero o el despojo violento de tierras. Estos factores derivan después en desapariciones y en el control del crimen organizado del territorio. Más allá del desgastado debate de las competencias y facultades de a quién le toca combatir al crimen organizado, los gobiernos estatales y municipales deben certificar a todos sus policías, cooperar con la Guardia Nacional y el Ejército para realizar labores de detección de células del crimen y proteger a la población. Minimizar mediáticamente el gran problema de seguridad de Jalisco no ayuda a la credibilidad y sin la voluntad de la población, poco se podrá hacer para tener un control social de la seguridad. Lástima que la experiencia nos dice que con frecuencia el Gobierno de Jalisco prefiere fijar posiciones mediáticas a reconocer el problema y tener una verdadera cooperación con el Gobierno Federal.
En Jalisco, desde hace una década se ha instalado un estilo de gobernar que coincide en casi todo con la derecha privatizadora y neoliberal que quedó derrotada en las urnas este 2018. Es una manera de gobernar desde las agencias de mercadotecnia, desde mesas de especialistas ‘independientes’ y desde un manto progresista en apariencia, cuyo trasfondo es la alianza (de jure y de facto) con el Partido Acción Nacional y sus votantes. En Jalisco, Movimiento Ciudadano intenta revivir el maltrecho proyecto ideológico y económico del PAN. Las pruebas de este estilo se encuentran por doquier: nombrar mediante una mala adaptación de la gobernanza gringa un “ gerente de la ciudad ”, exenciones fiscales para funcionarios en activo que jamás dejaron sus negocios para ir a gobernar y ‒la más reciente‒ los cortes de agua potable, especialmente en colonias pobres de la ciudad hasta por 15 días. Las justificaciones ante estos abusos del poder tienen eco en medios de comunicación locales por la afinid...
