Para construir algo se requiere tiempo, pero para reconstruir, se requiere el doble, porque no se puede construir desde cero y se tiene que generar sinergia con lo ya hecho para poder avanzar hacia un México para todas y todos. Esto la oposición no lo ha logrado entender y, lejos de construir a partir de la búsqueda de diálogo, la escucha y los puntos de acuerdo, se empeña día con día en demeritar y criticar la situación que vivimos. Irónico, ya que las condiciones actuales de nuestro país son consecuencia de los gobiernos panistas y priistas a los cuales pertenecen. FRENAAA, México Libre, la Alianza Federalista de Gobernadores y Sí México son algunos de estos ejemplos. En un ejercicio de autocrítica, podemos asegurar que esta labor no ha sido nada fácil, no solamente por el tema de covid-19. Sin embargo, a pesar de esto, se ha mantenido el firme compromiso que en su momento llevaron a Morena a ganar la presidencia y una representación importante dentro del Poder Legislativo: “Primero los pobres”.
En Jalisco, desde hace una década se ha instalado un estilo de gobernar que coincide en casi todo con la derecha privatizadora y neoliberal que quedó derrotada en las urnas este 2018. Es una manera de gobernar desde las agencias de mercadotecnia, desde mesas de especialistas ‘independientes’ y desde un manto progresista en apariencia, cuyo trasfondo es la alianza (de jure y de facto) con el Partido Acción Nacional y sus votantes. En Jalisco, Movimiento Ciudadano intenta revivir el maltrecho proyecto ideológico y económico del PAN. Las pruebas de este estilo se encuentran por doquier: nombrar mediante una mala adaptación de la gobernanza gringa un “ gerente de la ciudad ”, exenciones fiscales para funcionarios en activo que jamás dejaron sus negocios para ir a gobernar y ‒la más reciente‒ los cortes de agua potable, especialmente en colonias pobres de la ciudad hasta por 15 días. Las justificaciones ante estos abusos del poder tienen eco en medios de comunicación locales por la afinid...
