Ir al contenido principal

Reseña: "Tomóchic" de Heriberto Frías

Tomóchic es una novela corta que contiene el germen espiritual de la lucha por la libertad del mexicano. El maestro tapatío Gutierrez Vega (Q.E.P.D.) la nombró como el relato de la resistencia numantina en México por antonomasia. En un pueblo de más o menos cien habitantes, nace un nuevo culto religioso y un orgullo que devendría en heroísmo.

¿Por qué? El gobierno central vive entregando sin pudor aquellas tierras y recursos al extranjero, práctica que sobrevive hasta nuestros días. Traición apátrida suficiente para colmar la paciencia de cualquiera. A raíz de ello, habitantes celosos de sus tierras y su forma de vida se defienden hasta las últimas consecuencias de casi 1000 soldados federales que llegan a Chihuahua con la consigna de doblegarlos a toda costa. Acontece después que en pleno combate al enemigo, ambos bandos descubren su humanidad. Empero, absortos en la ígnea refriega, la razón real de la batalla los elude.



En la página 134 se abre la primera grieta moral en los federales, cuando ven arder en llamas un edificio que se derrumba, ya no al ritmo de los vítores de 'viva el gobierno' sino como una victoria pírrica, en condiciones de clara ventaja y ante una defensa dignísima de los pobladores que solo tenían a su favor su arrojo y sus Winchester. A manera fantasmática de evocar la revolución antes de que siquiera se hubiera gestado, las carabinas 30-30 de los tomochitecos abaten a incontables federales, haciendo de su valle y las montañas circundantes un camposanto de fanáticos - tanto federales como pobladores oriundos del caserío de nombre Tomóchic.

En palabras de Chávez Calderón, los tomochitecos “no robaron a nadie, y que su llamado fanatismo fue sólo convicción clarísima de sus derechos pisoteados, tal vez el sueño nebuloso de una vida menos miserable”. Los federales, prestos a acabar con los tomoches (peyorativo de los lugareños) poco a poco se dan cuenta de una moderna realidad de los conflictos armados con alzados irregulares: ningún ejército puede derrotar fácilmente a una población en su propio terreno, mucho menos cuando ésta se encuentra ideologizada o motivada para combatir. Queda de cierta forma inmortalizado este tremendo acontecimiento fuera de la pluma de Frías en un famoso corrido revolucionario, que es una oda a la carabina Winchester:
Ya nos vamos pa' Chihuahua
Ya se va tu negro santo
Si me quiebra alguna bala
Ve a llorarme al campo santo
Han pasado 122 años desde Tomóchic y mexicanos siguen ultimando a mexicanos de maneras brutales en busca de una mejor vida, en defensa de lo propio o para quitarse de encima al gobierno. Espejos de los federales y la ebriedad de andar armado, siguen los mexicanos contemporáneos violando la ley para saquear los bienes ajenos amén de hacer justicia, so pretexto de vender intoxicantes sustancias a los yanquis y salir de la pobreza. Triste y ciego conflicto, los de abajo dándose tiros y los de arriba frotándose las manos. Llamados al orden y progreso por doquier.

Por eso, busquemos un país para todos y recordemos que el positivismo mata.

Lo más leído de Rodrigo Cornejo:

Reseña: El rey viejo de Fernando Benítez

Es un azar. Los que nos eran leales nos traicionaron, los que fueron traidores pueden salvarnos. no sabemos ya nada de nada. — Extraño país el nuestro. — Es un país corrompido hasta la médula de los huesos -suspiró. Enrique a Carranza, en medio de su huída. El sueño y desencanto de un burócrata con aspiraciones de intelectual perfila muy bien el momento de quiebre que tal vez pasaron los secretarios de este nuevo régimen. Ellos, al igual que Enrique, el burócrata de El rey viejo, fueron violentamente atravesados por la crudeza de la política mexicana cuando creyeron que podían acceder a las glorias del gobierno y hacer historia sin penurias o dificultades. "No hay un gran mexicano que no sea o haya sido un fugitivo". No me simpatiza la causa legalista de Carranza pero la corta novela ayuda a forjar una extraña empatía del orden ante el caos de los mexicanos que no se cansaban de guerrear entre ellos, cambiando de bando conforme la necesidad, la codicia y