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Cuidado, compañeros: ¡ya ganamos!

Las victorias políticas rara vez pueden explicarse después de que suceden. La combinación de factores políticos, sociales y técnicas mercadológicas que llevan al triunfo de una candidatura siempre es compleja y en más de un sentido, única. En contraste, la elección presidencial de 2024 parece ser sencilla de analizar: ganará Morena. Incluso los analistas de la oposición como Juan Zavala o René Delgado dan por descontado este hecho. La ciencia política puede dar algunos marcos de referencia para explicar el tipo de elección que tendremos (temática de cambio o continuidad) pero esto rara vez se usa como herramienta de análisis entre la militancia.

Los columnistas u opinadores, sobre todo los digitales, son quienes actualmente tienen mayor influencia sobre la percepción pública de los militantes y simpatizantes de base de Morena. En sus argumentos, podemos encontrar a veces información acerca de los intereses en conflicto durante las elecciones, otro factor importante a tomar en cuenta.

De nuevo, usualmente la militancia suele dejar su análisis al nivel de los intereses en conflicto de los grupos que se encuentran bajo el gran paraguas de Morena y la 4T. Un hecho bien sabido y no suficientemente discutido es que, bajo este paraguas, ya son mayoría las personas que de alguna manera participaron en el antiguo régimen de manera activa, incluso después del triunfo de 2018. Las implicaciones de esto permanecen sin analizar ni calcular. Casi nadie o nadie ha escrito de ello.

Tampoco se ha analizado suficientemente la coalición de intereses que comienzan a agruparse detrás de cada una de las cuatro corcholatas. Se analiza su relación con el presidente y el arte de la nigromancia de cada gesto que hace el presidente respecto de cada corcholata es el tipo de análisis más común, llegando a acercarse a los extremos de interpretación de Bárbara Tijerina. Este análisis centrado meramente en lo simbólico es superficial y no dota de información alguna para tomar decisiones políticas sensatas.

Un triunfo tan anunciado como el de 2024 para Morena implica que la izquierda por primera vez podría cometer el pecado de la soberbia. El exceso de certidumbre lleva a cometer gravísimos errores. Dar por hecho que la población apoyará incondicionalmente a la 4T sin que haya un acercamiento significativo y una adecuada representación de sus demandas puede terminar arrojando resultados nefastos como un congreso debilitado y complejo para quien asuma el poder en 2024. El electorado no es el partido y los llamados a la unidad tendrán un efecto diferente entre los militantes del partido y la población en general.

Por último, se requiere analizar qué demandas adicionales quiere el pueblo de México que formen parte de la plataforma del siguiente candidato o candidata, si es que existen. Si la suposición de que el Pueblo de México simplemente “quiere que todo lo que hizo Andrés Manuel continúe” se adopta sin aplicar ningún tipo de imaginación o creatividad política, un efecto no deseado de que la corcholata ganadora prevalezca será que gobernar a la sombra del Presidente más popular del México moderno le cobrará algún tipo de factura. Construir un análisis que nos ayude a leer los intereses en juego, atemperar el excesivo optimismo que da por hecho el triunfo y configurar un proyecto de gobierno acorde a las nuevas exigencias del Pueblo de México es indispensable. El Presidente Obrador cambió a México y pretender que se puede repetir el método o continuar irreflexivamente con la 4T como si el Presidente siguiera gobernando hace que sea necesario exclamar: “¡Cuidado, compañeros! ¡Ya ganamos!”.



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