Alfaro está en modo campaña, pero desde las sombras. A diferencia del presidente López Obrador, Alfaro manda mensajes políticos escudándose de sus redes sociales, sin enfrentarse a la incomodidad de responder preguntas de periodistas de forma directa. Aparte de ello, Alfaro encabeza la operación tinaco y el uso de camiones de la Fiscalía y del transporte público concesionado, todo a favor de Movimiento Ciudadano. AMLO también incide en el proceso y negarlo sería ingenuo. Sin embargo, su forma de hacerlo, de manera abierta y dentro de los cauces de la ley, nos llama a la reflexión de qué tipo de democracia queremos. ¿El de la simulación naranja, que esconde sus operaciones de compra de votos? ¿O el modelo de diálogo circular de la 4T, que pone en el centro de la discusión pública los temas inocultables, que es mejor procesar entre todos de manera abierta? La respuesta está clara. La república de la simulación va de salida y con y con ella, las prácticas de coacción de Movimiento Ciudadano y Alfaro.
Escribo estas líneas porque creo firmemente que ellos nos quedan a deber. Simplemente no salen las cuentas. La Cámara de Diputados es ese espacio de donde salen las fotos de personas en traje bostezando, riendo inexplicablemente o cuchicheando mientras se aprueban leyes que afectan la vida de todos los mexicanos. Es por eso que contar algo que sucedió en San Lázaro es vital para saber por qué urge empezar a arreglar ese espacio que es de todos los mexicanos , no de ellos . Estos últimos meses hemos visto cómo los partidos que dicen ser oposición (a pesar de que ahora van juntos) no solamente son cómplices del Pacto por México, sino que no han podido o no han querido evitar que se legisle fast-track, a última hora. Ellos están produciendo leyes de poca calidad que dañan nuestra democracia. Hablemos, por ejemplo, de la famosa “Ley Chayote”. Aprobada con 205 votos a favor, 168 en contra y cero abstenciones, esta ley permite que el gobierno siga promocionando sus logros gastando g...
