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Columna: La pandemia y el sistema-mundo (II)

En nuestra última entrega hablamos del necesario abandono de la evaluación del gobierno con las herramientas de la administración de empresas. La medición empresarial ha sido utilizada para abogar por todo tipo de negocios con dinero público y para sacrificar vidas y esperanzas humanas en aras de la eficiencia. Entre esa entrega y esta, la realidad nos alcanzó y surgió una polémica alrededor de la medición del PIB y un ensayo de 30 páginas del Presidente explicando la nueva política económica. En ese ensayo, el Presidente ya perfila un incremento de la demanda agregada como consecuencia de la continuación del incremento de poder adquisitivo de las clases bajas y la realineación de la planta productiva e industrial a la de EE.UU. Ambas respuestas (una programática y de convicción, la otra pragmática y de coyuntura) dan claves de hacia dónde apuntará la respuesta mexicana al shock del COVID-19.

La queja más frecuente de los analistas y académicos organizados en A.Cs que ofrecen deducibilidad fiscal(que insisten en llamarse ‘sociedad civil’ en omisión de los sindicatos, organizaciones populares, partidos políticos y A.C.s sin calidad de donataria autorizada) es que la respuesta gubernamental tiene una salida “lógica”. Es decir, que hay una recomendación de política económica (endeudamiento, etc.) que es a todas luces mejor que las demás porque otros países han tomado ese rumbo. Esto, nos dicen, es sin ninguna preferencia de su parte, simplemente es lo que dicta la técnica.

Es aquí donde la primacía de la política de la que ya hablamos debe de operar. Esto es un llamado paradójico ahora mismo porque existen áreas de la actividad social en donde la potestad de guiar es de la técnica: la respuesta ante las pandemias, por ejemplo. Sin embargo, el objetivo y orientación final de esos esfuerzos siempre es político. Durante esta pandemia, el mandato político que recibieron los técnicos y científicos de salud mexicanos fue de maximizar la capacidad del sistema y optimizar recursos limitados para salvar la mayor cantidad de vidas. Una vez establecido el objetivo, fue potestad de esos técnicos guiarnos hacia su cumplimiento. 



En países donde el mandato político ha sido diferente, los efectos en las poblaciones han sido distintos y negativos. En Estados Unidos, donde las correas de mando económicas son las que transmiten todos los márgenes de lo aceptable al poder político, los casos se dispararon para acelerar la reapertura económica. En Suecia, donde su tradición de democracia liberal les dictó concederle autonomía de decisión 100% científica al Ministerio de Salud, la corrección tardía ante el creciente número de casos (el más alto en Escandinavia) llegó ante la presión política.

Queda así claro que los objetivos sociales siempre son determinados por al menos un factor real de poder, Lasalle dixit. Cuando no son determinados por el poder político electo por excelencia, se optimiza para muchas cosas pero no se optimiza para el bienestar de la gente. Pretender que existe solo una respuesta técnica que dicta cuál es el camino social a tomar es ingenuo y nos remite a los ejemplos históricos de la eugenesia, la experimentación psicológica con seres humanos y las diversas clasificaciones raciales que estaban, todas, fundadas por la ciencia de avanzada en sus respectivas épocas.

Por lo tanto, vale la pena analizar cómo la economía política condicionó (pero no determinó) la respuesta del Gobierno mexicano ante una pandemia que aún amenaza con afectar, como siempre, mucho más a los pobres que a cualquier otro estrato social.
  • Con recursos limitados se buscó optimizar salvar la mayor cantidad de vidas ante la certeza de que habría muertes.
  • Se utilizó la cercanía con EE.UU. y los lazos con China, las dos economías preponderantes, para hacerse de insumos, algunos que México había vendido debido a las reglas de comercio del sistema libremercadista.
  • Se realineará la recuperación mexicana a la estadounidense, en reconocimiento de la relativa debilidad y dependencia de la base industrial mexicana de crecer sin exportar bienes intermedios y terminados hacia EE.UU.
Todos estos objetivos están subordinados a la opción preferencial por los pobres, que implica mantener intacta y después expandir la cobertura y cuantía de los programas sociales. Ciertamente es una respuesta económica fuera de la ortodoxia. Pero no lo es porque esté fuera del keynesianismo por el que tantos claman. 

De hecho está dentro al apostar por una recuperación vía estimular el lado de la demanda agregada total. Está fuera de la ortodoxia neoliberal, libertaria y la progresía de izquierdas porque en vez de apostar por algún instrumento financiero o presupuestal, se apuesta por primera vez a que la mejoría del país la dicte la mejoría de la mayoría. Se abandonó por primera vez el “sálvese quien pueda” y eso podrá darnos la pauta de una nueva organización de las relaciones de producción en México. Absorber un shock con la riqueza existente en vez de cargárselo a los desposeídos es la primera aplicación práctica de la “nueva política económica” fundada en la economía moral.

Esta es la segunda entrega de una serie de columnas acerca de la economía política de la Cuarta Transformación.

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